A dos meses del estallido de las hostilidades en Medio Oriente y con negociaciones de paz en curso desde hace veinte días, el escenario internacional sigue marcado por la incertidumbre.

Lejos de una normalización, el comercio global continúa afectado por las restricciones en el Estrecho de Ormuz, que permanece casi intransitable. En los últimos sesenta días, apenas 356 buques lograron ingresar o salir, lo que representa cerca de la mitad del tránsito semanal habitual. En este contexto, el encarecimiento de la energía —con el barril Brent por encima de los 107 dólares— impacta directamente en la economía global y encarece los costos productivos agrícolas.
El mercado de trigo es uno de los más sensibles ante esta nueva situación, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. Se trata de un cultivo altamente dependiente de fertilizantes nitrogenados, cuyos precios se dispararon junto con la energía. Esto ya comienza a reflejarse en decisiones productivas: en Australia, donde la siembra ya comenzó, se proyectan recortes de superficie entre el 4% y el 12%; mientras que en Argentina también se anticipa una reducción del área a poco del inicio de la campaña.
En Estados Unidos, la situación suma un factor adicional de presión, indicó la Bolsa rosarina: la sequía afecta al trigo de invierno desde hace semanas. Actualmente, solo el 19% del área no presenta estrés hídrico, mientras que el 35% de los cultivos está en condiciones malas o muy malas, 15 puntos porcentuales más que el año pasado. Todo esto sucede en una campaña que se perfila como la de menor superficie sembrada desde que existen registros oficiales.
Este conjunto de factores modificó radicalmente las expectativas del mercado. De un escenario de abundancia global con stocks holgados, se pasó a la posibilidad de recortes en la oferta. La reacción fue inmediata: el trigo en Chicago subió de 190 dólares por tonelada a fines de enero a 246 dólares en la última semana, un salto del 30% y el nivel más alto desde junio de 2024.
En Argentina, la tendencia acompaña aunque con particularidades. Los futuros del cereal avanzaron entre 12% y 17% desde enero, con el contrato julio 2026 sumando 25 dólares por tonelada. Sin embargo, el dato más relevante es el cambio en la estructura del mercado: se pasó de un esquema “invertido” a uno de “carry” hasta enero de 2027, lo que refleja la expectativa de un abastecimiento más ajustado en el futuro e incentiva la retención de mercadería.
En paralelo, la industria molinera enfrenta un escenario cada vez más complejo. A los problemas de calidad del trigo, con escasez de lotes aptos para panificación, se suman ahora dificultades para conseguir volumen. Durante el primer cuatrimestre del ciclo 2025/26, la molienda alcanzó 1,96 millones de toneladas, apenas un 1% más que el año anterior, pese a una cosecha récord de 27,9 millones de toneladas, un 50% superior a la campaña previa.
“El crecimiento de la molienda está muy lejos de reflejar la magnitud de la cosecha”, advirtió Diego Cifarelli, quien señaló además que “jamás se proyectó que, con una producción histórica, podríamos enfrentar problemas de abastecimiento”. Según explicó, aunque los molinos están dispuestos a pagar mejores precios por trigo de calidad, la mercadería no aparece en los volúmenes necesarios.
Hasta el 15 de abril, la exportación había adquirido 14,47 millones de toneladas, muy por encima de los 9,66 millones del año anterior, mientras que la molinería apenas sumaba 2,60 millones, prácticamente sin cambios interanuales. Entre las posibles causas de esta dinámica se mencionan la mayor liquidez de los productores por ventas de maíz —que también registra cosecha récord— y el deterioro del poder de compra del trigo frente al aumento de los insumos.
Las perspectivas a futuro generan preocupación en el sector. Las proyecciones oficiales estiman una molienda de 7,2 millones de toneladas para el ciclo 2025/26, por encima de los años previos. Sin embargo, desde la industria advierten que, si persisten las condiciones actuales, ese objetivo no se alcanzará. “Esto implica menos trabajo argentino y menor valor agregado en origen”, resumió Cifarelli.