¿Para quién estamos produciendo carne?: El dato de EE.UU que obliga a repensar el futuro de la proteína animal

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Gustavo Schuenemann planteó en el 2° Congreso Argentino de Forrajes que el futuro de la producción de carne y leche no dependerá sólo de producir más, sino de comprender hacia dónde se dirige la demanda. Tecnología, calidad del alimento, escasez de mano de obra y un dato que sorprende: en Estados Unidos, el 35% de la proteína animal ya no se destina a las personas, sino a las mascotas.


El futuro de la producción agropecuaria no se juega únicamente dentro del campo. También se define en los cambios demográficos, en los hábitos de consumo, en las nuevas demandas de los consumidores y hasta en la relación de las personas con sus mascotas.

Ese fue uno de los principales conceptos que dejó Gustavo Schuenemann, científico e investigador argentino con experiencia de trabajo en más de 20 países, durante su presentación “Forrajes de calidad, soluciones para los rodeos de leche”, en el marco del 2° Congreso Argentino de Forrajes que se realiza en Córdoba.

Schuenemann puso sobre la mesa una serie de transformaciones que obligan a repensar los sistemas productivos. Y lo hizo con un dato particularmente llamativo: en Estados Unidos, el 35% de la proteína animal producida (vacas, cerdos, aves, peces) no es consumida por personas, sino por perros y gatos

El dato adquiere mayor dimensión cuando se observa la evolución demográfica. Según explicó, el año pasado nacieron en Estados Unidos unos 3,7 millones de bebés, mientras que se incorporaron 12,6 millones de nuevas mascotas. Es decir, aproximadamente cuatro mascotas por cada nuevo nacimiento.

“Ustedes van a tener que producir proteína, pero no necesariamente va a ser para las personas”, planteó el especialista ante una sala colmada de asistentes, al advertir que la demanda futura de alimentos estará atravesada por cambios que hoy ya pueden observarse en los principales mercados.

El consumidor cambió y la producción debe entenderlo
Para Schuenemann, uno de los grandes desafíos consiste en comprender quién es el consumidor actual y qué espera de los alimentos.

El modelo tradicional de una familia compuesta por dos adultos y varios hijos está cambiando. “Hoy el consumidor nuestro está representado así: por dos adultos, 1,3 hijos y dos mascotas”, señaló. Ese cambio no es anecdótico. Modifica las necesidades de alimentación, las prioridades de las familias y, en consecuencia, las oportunidades para las cadenas productivas.

A la vez, existe una creciente preocupación por la calidad de los alimentos, la proteína y la salud. “Todo el mundo quiere vivir 30 años más”, resumió Schuenemann, en referencia a una tendencia que genera nuevas exigencias sobre los sistemas de producción.

La pregunta, entonces, ya no pasa solamente por cuánto alimento puede producir el campo, sino también por qué alimento demandará el consumidor del futuro y con qué atributos.

Tecnología: una necesidad, no una elección
En ese escenario, la tecnología adquiere un papel central, aunque el especialista evitó presentarla como una solución mágica. Explicó que los productores están incorporando tecnologías de precisión no simplemente porque les resulten atractivas, sino porque necesitan resolver problemas concretos de los sistemas productivos.

“Tenemos que hacerla funcionar”, planteó, al remarcar que muchas herramientas todavía presentan dificultades de adaptación y que no siempre funcionan de manera adecuada en las condiciones reales de producción.

La transformación tecnológica también responde a un problema cada vez más evidente: la disponibilidad de mano de obra. En los sistemas lecheros, por ejemplo, señaló que las nuevas generaciones no están dispuestas a sostener determinadas tareas tradicionales. “Nadie quiere ordeñar de noche. Nadie quiere ordeñar el fin de semana”, ejemplificó.

Por eso, la modernización de los sistemas no sólo apunta a incrementar la producción. También busca hacer que las actividades agropecuarias sean compatibles con las expectativas y condiciones de vida de quienes trabajan en ellas.

La ventaja argentina: superficie, agua y escala
En este nuevo escenario, Schuenemann ubicó a la Argentina en una posición particularmente favorable. “El país está extremadamente posicionado en un muy buen lugar para producir alimento”, sostuvo, y mencionó tres ventajas: la disponibilidad de superficie, la calidad del agua y la posibilidad de producir a escala.

A eso se suma una baja densidad poblacional en comparación con regiones como Europa, Estados Unidos o Asia, donde la presión demográfica sobre el territorio es mucho mayor.

Para el investigador, esas condiciones abren oportunidades enormes para la producción argentina. Pero contar con recursos naturales no alcanza. El verdadero desafío, plantea, será transformar esa ventaja en capacidad productiva, generar sistemas eficientes y, fundamentalmente, desarrollar una nueva generación de profesionales capaces de comprender un mercado global.

La calidad del forraje, en el centro del negocio
El investigador vinculó estos cambios globales con una cuestión mucho más concreta: la calidad del alimento que recibe el rodeo. “La calidad del forraje se define por la higiene; evaluarla es fundamental para mejorar el producto y hacerlo competitivo”, había señalado durante la jornada.

En definitiva, la discusión sobre forrajes no puede quedar reducida a cuánto se produce por hectárea o cuántas toneladas se almacenan. La calidad, el manejo, la conservación y la eficiencia con que ese alimento llega al animal determinan buena parte del resultado económico de los sistemas de carne y leche.

Por eso, otro de los conceptos centrales que dejó Schuenemann fue contundente: “El negocio lechero es el arte de controlar la variación para poder controlar el riesgo”. La frase sintetiza buena parte del desafío que atraviesa actualmente a la producción. En un escenario donde cambian los consumidores, escasea la mano de obra y la tecnología avanza rápidamente, controlar la variabilidad se vuelve una herramienta decisiva para sostener la eficiencia.

FUENTE: todoagro.com.ar

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